Capítulo I. No, si la idea era buena
Visto el éxito del último episodio doméstico ocurrido en mi casa a la vuelta de vacaciones, y abrumado por el interés que habéis demostrado por saber cómo se resuelve, he pensado en colgarlo también aquí. De este modo, yo me libero de la carga que ha supuesto, vosotros os reís y, por lo menos, todos sacamos partido del culebrón que, sin más dilación, paso a titular:
Manos arriba, esto es una chacha.
Capítulo 1. No, si la idea era buena.
Ya sabéis que acabo de volver de vacaciones. Y también sabéis de sobra que comparto mi vida con dos gatos: Flor, una linda gatita tricolor a la que quiero más que a algunas personas; y Carmiña, un ejemplar de casi nueve kilos que, a pesar de ser niño, tiene nombre femenino por un motivo que os contaré otro día. Flor es ternura y estilo; Carmiña es la inteligencia de un humano en el cuerpo de un león marino, agradecido, cariñoso y barrigón, un tipo único. El caso es que se me ocurrió que podría contratar a alguien para que a Carmiña y a Flor no les faltase de nada durante la ausencia vacacional. Pensamos en una experta limpiadora, de confianza, una de esas señoras con siete manos que cambian el polvo por brillo y que te dejan la casa como cuando vivías con mamá, aunque mamá no cobrase. Y nos pusimos manos a la obra.
Nos costó dar con alguien dispuesto: mes de julio, piso en las afueras, gatos, limpieza... muchos factores que conjugar. Por fin, a punto de emprender el viaje y con el tiempo justo, se nos encendió la luz de pedir socorro y buscar a una profesional en casa de otra profesional. Y fue así como entramos en la mercería de abajo reclamando ayuda.
Las mercerías son magníficos centros de información, como las tiendas de ultramarinos, las carnicerías y los bares.
-"Queréis alguien de confianza..."
-"Exactamente.."
-"Para limpiar durante el mes de julio y tener cuenta de los gatos..."
-"Eso es".
-"Creo que tengo la solución. Anota este teléfono".
Y fue así como conseguimos la combinación de cifras que nos conectaría directamente con Elena, la protagonista de esta estupidez doméstica que, aún siendo estupidez, me ha puesto nervioso a mí y, por lo visto, a los que insistís en preguntar: "Qué, ¿cómo acabó el cuento?"
Elena no es su verdadero nombre, aunque empiece y acabe igual. Pero prefiero rebautizar a nuestra niñera gatuna para no empeorar las cosas, lo que no impide que, si el asunto termina mal, coloque aquí no sólo su nombre, sino su foto, de frente y de perfil.
Llamé a Elena sin perder un momento y concerté una cita. No hubo que esperar mucho para que apareciese en mi piso, ágil y espabilada, una mujer que podría ser la madre de cualquiera, la mía mismo, si no fuera porque mi madre nunca protagonizaría un episodio tan lamentable como el que vendría a continuación.
Le enseñé a Elena el piso y le presenté a los gatos:
-La pequeña, de tres colores, es Flor. El gatopótamo, Carmiña. ¿Se entiende con los gatos?
-Yo tengo gatos.
-Pefecto. Se trata de, durante todo el mes, venir a casa, darles de comer, limpiar la arena y limpiar la casa. Están con la muda y echan mucho pelo, por eso la llamamos a usted. Otros años se lo encargábamos a un amigo, pero esta vez son dos gatos y dan demasiado trabajo. ¿Cómo lo ve? Si cree que no debe limpiar gatos ajenos, si le parece mal, ningún problema, lo dejamos...
Elena me miró por detrás de las gafas, frunció el ceño y siguió atendiendo mis instrucciones. Me pidió que le mostrara dónde guardaba la aspiradora, los útiles de limpieza, la fregona, la arena, la comida de los dos... Todo muy rápido, es verdad. Le dije que, después de las vacaciones, estaríamos interesados en alguien que viniese a limpiar todo el año, un par de días a la semana
Finalizada la exposición de motivos, me respondió:
-Vamos a hablar claro. Yo cobro siete euros la hora de limpieza. Pero, por venir a cuidar los gatos, que son un capricho, te voy a cobrar doscientos euros por todo el mes. Ya tengo muchas casas y no creo que pueda venir el resto del año, pero te buscaría a alguien. Si te parece bien...
Lo de los doscientos euros me descolocó. Me dio la impresión de que estaba a punto de contratarles unas clases particulares de piano a Carmiña y a Flor. Elena, a esas alturas, ya se había dado cuenta de la prisa que me corría encontrar a alguien, y supo sacar partido de la urgencia.
-Doscientos euros, repetí...
-Doscientos, por venir un día sí, un día no y a recoger la casa.
Volví a meditar. Y, pillado por las pelotas del tiempo, acepté:
-De acuerdo, doscientos euros. Comida, limpieza de piedras y limpieza de casa. Me gustaría encontrar todo perfecto cuando regresemos. No hace falta que friegue el cuarto de baño más que una vez, nadie lo va a usar este mes. Es posible que pase algún amigo por casa, pero no creo que vayan a bañarse.
-"Pues quedamos así", me djio a la vez que se guardaba las llaves que le acababa de poner en la mano y las unía a un inmenso llavero repleto de accesos a las vidas y a las casas de Dios sabe cuántos pagadores.
La despedí y respiré alividado, aunque pensé: "¿Un capricho los gatos? ¡Hay que joderse!". Pero bueno, por lo menos, había conseguido en el último momento encontrar a alguien de confianza que pondría orden en mis gatos y en mi casa durante un mes, eso sí, a precio de camarón. Aunque, echando cuentas, serían doscientos euros bien empleados por llegar de un largo viaje y encontrar todo en su sitio, mejor incluso de lo que había quedado. Iluso de mi, no sabía qué equivocado estaba.
Acabo aquí el capítulo primero de una historia que todavía no ha concluido. En el segundo tengo intención de contar la llamada que le hice a Elena en la última semana del viaje, avisándole del regreso inminente y dándole pie a que dejase el piso como los chorros del oro. Para el tercero me guardo el retorno y la sorpresa que nos esperaba; para el cuarto, la conversación telefónica de ayer; y para el quinto el desenlace que todavía está por ocurrirr. Pero sólo continuaré este culebrón basado en hechos reales si participáis. Y, para eso, aquí debajo, donde pone "comments", deberéis picar y poner un comentario que diga que os interesa el asunto; de otro modo, desistiré y cambiaré de tema. Pero no diréis que no es tentador: unas vacaciones, dos gatos, una chacha desconocida, un engaño... y mucho me temo que una subcontrata, una maniobra de tres pares de cojones y una dura negociación final que incluye interrogatorio, escena de poli bueno-poli malo digna de la mejor comisaría y un desenlace que ni yo mismo sé aún cómo va a ser. Sólo un anticipo: la experencia de contratar una niñera de gatos no ha podido resultar peor. ¿Queréis más? Pues poned vuestro comentario y, si puede ser, que no sea anónimo. Besos.
Manos arriba, esto es una chacha.
Capítulo 1. No, si la idea era buena.
Ya sabéis que acabo de volver de vacaciones. Y también sabéis de sobra que comparto mi vida con dos gatos: Flor, una linda gatita tricolor a la que quiero más que a algunas personas; y Carmiña, un ejemplar de casi nueve kilos que, a pesar de ser niño, tiene nombre femenino por un motivo que os contaré otro día. Flor es ternura y estilo; Carmiña es la inteligencia de un humano en el cuerpo de un león marino, agradecido, cariñoso y barrigón, un tipo único. El caso es que se me ocurrió que podría contratar a alguien para que a Carmiña y a Flor no les faltase de nada durante la ausencia vacacional. Pensamos en una experta limpiadora, de confianza, una de esas señoras con siete manos que cambian el polvo por brillo y que te dejan la casa como cuando vivías con mamá, aunque mamá no cobrase. Y nos pusimos manos a la obra.
Nos costó dar con alguien dispuesto: mes de julio, piso en las afueras, gatos, limpieza... muchos factores que conjugar. Por fin, a punto de emprender el viaje y con el tiempo justo, se nos encendió la luz de pedir socorro y buscar a una profesional en casa de otra profesional. Y fue así como entramos en la mercería de abajo reclamando ayuda.
Las mercerías son magníficos centros de información, como las tiendas de ultramarinos, las carnicerías y los bares.
-"Queréis alguien de confianza..."
-"Exactamente.."
-"Para limpiar durante el mes de julio y tener cuenta de los gatos..."
-"Eso es".
-"Creo que tengo la solución. Anota este teléfono".
Y fue así como conseguimos la combinación de cifras que nos conectaría directamente con Elena, la protagonista de esta estupidez doméstica que, aún siendo estupidez, me ha puesto nervioso a mí y, por lo visto, a los que insistís en preguntar: "Qué, ¿cómo acabó el cuento?"
Elena no es su verdadero nombre, aunque empiece y acabe igual. Pero prefiero rebautizar a nuestra niñera gatuna para no empeorar las cosas, lo que no impide que, si el asunto termina mal, coloque aquí no sólo su nombre, sino su foto, de frente y de perfil.
Llamé a Elena sin perder un momento y concerté una cita. No hubo que esperar mucho para que apareciese en mi piso, ágil y espabilada, una mujer que podría ser la madre de cualquiera, la mía mismo, si no fuera porque mi madre nunca protagonizaría un episodio tan lamentable como el que vendría a continuación.
Le enseñé a Elena el piso y le presenté a los gatos:
-La pequeña, de tres colores, es Flor. El gatopótamo, Carmiña. ¿Se entiende con los gatos?
-Yo tengo gatos.
-Pefecto. Se trata de, durante todo el mes, venir a casa, darles de comer, limpiar la arena y limpiar la casa. Están con la muda y echan mucho pelo, por eso la llamamos a usted. Otros años se lo encargábamos a un amigo, pero esta vez son dos gatos y dan demasiado trabajo. ¿Cómo lo ve? Si cree que no debe limpiar gatos ajenos, si le parece mal, ningún problema, lo dejamos...
Elena me miró por detrás de las gafas, frunció el ceño y siguió atendiendo mis instrucciones. Me pidió que le mostrara dónde guardaba la aspiradora, los útiles de limpieza, la fregona, la arena, la comida de los dos... Todo muy rápido, es verdad. Le dije que, después de las vacaciones, estaríamos interesados en alguien que viniese a limpiar todo el año, un par de días a la semana
Finalizada la exposición de motivos, me respondió:
-Vamos a hablar claro. Yo cobro siete euros la hora de limpieza. Pero, por venir a cuidar los gatos, que son un capricho, te voy a cobrar doscientos euros por todo el mes. Ya tengo muchas casas y no creo que pueda venir el resto del año, pero te buscaría a alguien. Si te parece bien...
Lo de los doscientos euros me descolocó. Me dio la impresión de que estaba a punto de contratarles unas clases particulares de piano a Carmiña y a Flor. Elena, a esas alturas, ya se había dado cuenta de la prisa que me corría encontrar a alguien, y supo sacar partido de la urgencia.
-Doscientos euros, repetí...
-Doscientos, por venir un día sí, un día no y a recoger la casa.
Volví a meditar. Y, pillado por las pelotas del tiempo, acepté:
-De acuerdo, doscientos euros. Comida, limpieza de piedras y limpieza de casa. Me gustaría encontrar todo perfecto cuando regresemos. No hace falta que friegue el cuarto de baño más que una vez, nadie lo va a usar este mes. Es posible que pase algún amigo por casa, pero no creo que vayan a bañarse.
-"Pues quedamos así", me djio a la vez que se guardaba las llaves que le acababa de poner en la mano y las unía a un inmenso llavero repleto de accesos a las vidas y a las casas de Dios sabe cuántos pagadores.
La despedí y respiré alividado, aunque pensé: "¿Un capricho los gatos? ¡Hay que joderse!". Pero bueno, por lo menos, había conseguido en el último momento encontrar a alguien de confianza que pondría orden en mis gatos y en mi casa durante un mes, eso sí, a precio de camarón. Aunque, echando cuentas, serían doscientos euros bien empleados por llegar de un largo viaje y encontrar todo en su sitio, mejor incluso de lo que había quedado. Iluso de mi, no sabía qué equivocado estaba.
Acabo aquí el capítulo primero de una historia que todavía no ha concluido. En el segundo tengo intención de contar la llamada que le hice a Elena en la última semana del viaje, avisándole del regreso inminente y dándole pie a que dejase el piso como los chorros del oro. Para el tercero me guardo el retorno y la sorpresa que nos esperaba; para el cuarto, la conversación telefónica de ayer; y para el quinto el desenlace que todavía está por ocurrirr. Pero sólo continuaré este culebrón basado en hechos reales si participáis. Y, para eso, aquí debajo, donde pone "comments", deberéis picar y poner un comentario que diga que os interesa el asunto; de otro modo, desistiré y cambiaré de tema. Pero no diréis que no es tentador: unas vacaciones, dos gatos, una chacha desconocida, un engaño... y mucho me temo que una subcontrata, una maniobra de tres pares de cojones y una dura negociación final que incluye interrogatorio, escena de poli bueno-poli malo digna de la mejor comisaría y un desenlace que ni yo mismo sé aún cómo va a ser. Sólo un anticipo: la experencia de contratar una niñera de gatos no ha podido resultar peor. ¿Queréis más? Pues poned vuestro comentario y, si puede ser, que no sea anónimo. Besos.
4 Comments:
Enganchá me tienes!
Gracias por visitarme
Me encanta esta historia, me ha enganchadooooooo
El primer capitulo, ha sido interesante, sigo leyendo!
Post a Comment
<< Home