Monday, August 22, 2005

Capítulo IV. El desenlace

Tenéis que perdonar, pero esto de la novela por entregas requiere una constancia que no siempre está en la mano de uno. En el último capítulo, después de una desagradable conversación telefónica recriminándole a Elena lo que había hecho (o, mejor no había) en mi casa y con mis gatos, quedamos de vernos al día siguiente para arreglar lo del dinero y, si acaso, hablar del asunto.
Por la mañana, más tranquilo, de nuevo tuve que volver a pasar el mal trago de llamar a aquella mujer para, de una vez, finiquitarla y olvidarla. Yo no sirvo para estas cosas. Haciendo de tripas corazón, marqué.
En un tono más relajado, quedamos de vernos esa misma tarde. Ella vendría a mi casa y se acabaría el asunto. Iluso de mí. De nada me sirvieron los ejercicios mentales que hice durante todo el día, el entrenamiento para la lucha dialéctica que se avecinaba. Después de varias horas, y cuando se suponía que la tal Elena debía presentarse en mi casa, no lo hizo. Esto ya estaba pasando de castaño a oscuro.
Hice tiempo, me toqué las narices, me rasqué la barriga... Por fin, media hora después de lo acordado, sonó el teléfono. Era ella.
-Tienes que perdonar.
-¿Pero no habíamos quedado aquí?
-Sí, pero es que... (dudas) es que... (más dudas) es que cuando estaba llegando a tu casa ¡me di cuenta de que no traía encima las llaves! Mira tú...
Fue en ese momento cuando se confirmaron mis temores: la labor de limpieza de gatos había sido asquerosamente subcontratada y, por algún motivo, quien se encargó de la faena (es un decir) no le había devuelto las llaves a Elena.
Ella intentó disfrazarlo:
-Es que no las llevo encima porque siempre las dejo en casa, no me gusta tenerlas en el coche por si me las roban (tururú)
"Muy bien", dije. No te preocupes que yo me voy ahora mismo a tu casa y arreglamos.
-¡No, eso no! (te pillé) Es que ahora es tarde... es que tengo a mi nuera de parto y tendría que ir al hospital... mejor quedamos el jueves.
-¡¡¡¡¿El jueves??!!! ¡¡¡Pero si hoy es lunes!!!
-Ya, tú no te preocupes, el jueves es mejor. Y colgó.
¿Qué hace uno llegado este punto? Yo decidí pasar. Y me prometí que si el jueves tampoco aparecía, borraría su teléfono de la agenda, cambiaría el bombillo de la cerradura con los cien euros que tenía pensado pagarle y a otra cosa.
Durante toda la semana tuve que mantener en la cabeza la cita del jueves. Le di vueltas y más vueltas. Está tía se está quedando conmigo... ¿Cómo se lo habrá montado? ¿Quién habrá estado realmente en mi casa? Si Flor y Carmiña hablasen...
Por fin, y voy acabando, llegó el jueves. Y otra vez sonó el teléfono y otra vez fue Elena. Ahora prometía presentarse en media hora, con las dichosas llaves, para cobrar.
Los treinta minutos fueron bastante exactos. Decidí esperarla en la calle, por si la cosa se ponía tensa; no me apetecía meterla en la casa que había mangoneado a su antojo, la mía.
Mientras hacía tiempo observando los desastres urbanísticos de Cacheiras, por fin, después de un mes y una semana, divisé al fondo su silueta.
Se acercó apresurada y me saludó cordial. Le contesté. Entonces, decidí que lo de arreglar en la calle no estaba bien y le pedí que subiese.
Así como abrí la puerta y entramos, Flor desapareció y no quiso saber nada. No hizo así Carmiña, que se mostró muy interesado por Elena. Y yo creo que fue más porque Carmiña es un gato que no le tiene miedo ni a nada ni a nadie que por volver a ver a una vieja amiga.
Respiré hondo y me decidí a echarle cojones.
-Vamos a ver, Elena...
No me dejó terminar. Antes de que pudiera decir la quinta palabra, me cortó:
-Espera. Antes de nada quiero decirte que no te voy a cobrar los doscientos euros
(Yo eso ya lo tenía claro, pero no me esperaba semejante gesto de generosidad).
-Como aquí ha habido un problema de entendimiento, ni para ti ni para mi: te voy a cobrar cien euros.
Yo me había planteado negociar. Tenía pensado jugar de nuevo el papel de poli bueno y decirle que habíamos decidido pagarle sólo cincuenta, después del cabreo y de todo lo ocurrido. Tenía ganas de ponérselo duro para ver si acababa cantando. Eso sí, estaba dispuesto -y los tenía preparados- a llegar a los cien euros, que tampoco es uno una rata de alcantarilla.
Pero la vi tan convencida, tan con el rabo entre las piernas y con tantas ganas de ponerle fin a esta extraña relación laboral, que le tomé la palabra:
-Muy bien, me parece correcto. Mejor dejarlo así y punto.
Le pagué y me dio las llaves. Decidí no darle más conversación de la necesaria, preferí no investigar para sacarle una verdad que se había confirmado sola. Y pensé que ya le había dedicado bastante tiempo a este episodio doméstico.
-Pues nada, hasta otra (irónico que es uno)
-Pues quedamos así. Siento que hubiera un malentendido. Pero yo tengo fama de cumplidora, puedes preguntarle a la señora de la Mercería.
Ya, la misma que me la había recomendado. No quise seguir escuchando. La acompañé a la puerta y, así como cerré, me liberé de este ladrillo doméstico de cincuenta kilos que me había tocado cargar durante una semana. En el cuerpo me quedó una sensación de alivio tal que creo que todavía me dura.
Después de eso, nadie más que yo ha vuelto a limpiar en mi casa. Lo hago cuando puedo, un par de veces a la semana. Sigo dispuesto a encontra a alguien en quien pueda confiar, aunque he quedado escarmentado. Y ya sólo me acuerdo de la tomadura de pelo de la que fui víctima cuando reparo en dos detalles que me siguen inquietando: una bombilla en la lámpara de mi cuarto que yo nunca coloqué; y una extraña boquilla vieja, rota y usada en mi aspiradora nueva y recién comprada, una aspiradora cuyo interior había permanecido hambriento durante un mes. Sí, estoy convencido de que también fui víctima de un cambiazo, pero ya me da lo mismo. También sé, como los osos del cuento, que alguien ha dormido en mi cama. Sólo espero que la experiencia le haya sido gozosa y que haya sabido sacarle provecho. La verdad sólo la saben los gatos; pero todavía no sé maullar. Ya lo decía Gracita Morales: "¡¡¡Cómo está el servicio!!!". FIN

posted by Nacho Mirás Fole at 9:06 AM

1 Comments:

Anonymous angy said...

Me hubiese gustado que te la pusieras bien pareja, y decirle todas sus verdades, yo estaba enojadisima solo de leer lo sinica que fue!!

8:47 AM  

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